lunes, 8 de agosto de 2016

Los tacones del Sábado noche

Ya me tocaba salir un poco sin correas ni mascotas. Una vecina que aprobó el permiso de conducir me preguntó si quería ir de cena con unas amigas y le dije que sí, encantada de poder hacer algo diferente y conocer nuevas amistades, (luego resultó que conocía a todas las presentes) Le pregunté si íbamos lejos para ponerme tacones...me puse tacones, los más cómodos que tengo, o eso creía yo.
Estamos en la costa y se notaba, que ambiente tan agradable en las calles, no fuimos lejos, nos sentamos en un Restaurante que estaba abarrotado de gente, nos quedamos en la terraza, y a pesar de no tener reserva...Nos dieron una mesa redonda y grande,.¿Quien se resiste a seis mujeres juntas? Que al poco se llenó de comida riquisima, poco después ya no había nada en la mesa aparte las copas y la botella azul (Agua). Disfrute mucho de la compañía, me reí tanto que la cara me dolía, había olvidado una muy buena costumbre, reírse en comitiva. Acabada la cena y eso de reirnos unas de otras, nos fuimos a un mercado nocturno medieval, yo no quería ir (ya me dolían los pies) Fuí, subiendo calles, bajando calles, encontré un banco que me dijo ven, y también fuí, me senté mientras miraba pasar a la gente y a las compañeras de salida mirando y preguntando en los puestos, que pena, pensaba yo, no haberme puesto mis sandalias perrunas, al final bajamos la calle (Estepona es todo cuestas, menos la playa que la hicieron plana para que no se saliera el mar) y caminando volvimos a nuestras casas. El dolor del pie me hizo recordar que no es necesario sufrir para divertirse, ni llevar tacones para ir a cenar, lo importante es la compañía, y esa fue excelente, hacia mucho, mucho y más que mucho que no salía un sábado por la noche y recordé algo, solo se vive una vez, hay que salir más a menudo y reirse de uno mismo hasta que duelan las mejillas...¡ Que bonito es vivir !