viernes, 1 de julio de 2016

Somos la generación enferma

Estamos tan acostumbrados a ver y oír cosas horribles en todos los ámbitos de la vida que a menudo olvidamos las otras, las buenas obras, las bonitas y maravillosas acciones de personas anónimas las cuales no salen en los periódicos ni en la tele, cuando nuestras mentes se llenan del horror de las víctimas no es el sentimiento de lástima o piedad el que rige nuestras reacciones, no, es la condena, la rabia y la necesidad de venganza y castigo hacia quien hizo la mala acción, esto acompañado del sentimiento de impotencia por no poder impartir justicia de manera inmediata crea en nosotros un sentimiento visceral y poderoso que sale de las entrañas nos invade la voluntad y no nos deja sitio ni para la piedad ni para la lástima, este es el sentimiento que provoca que todas esas acciones se desencadenen por todo el mundo, es un sentimiento tan poderoso que anula todo sentimiento de amor, empatía y perdón. Todo esta cadena de sentimientos nefastos nos perjudica más allá de lo comprensible, ya que permite que la paz nos abandone, que nuestra sangre se acelera de tal forma que el corazón trabaja el doble para que sigamos viviendo. El mundo lo dominan los programas de TV, los campeonatos de lo que sea y la publicidad que nos cuenta historias falsas, esos que dominan o quieren dominar al mundo no les interesa que las buenas obras se sepan y esto desde siempre, han llegado a tal punto que consiguen que nadie quiera ver ni saber de cosas bellas, buenas o simplemente sanas. La mayoría de la gente no sabe en realidad ni lo que come ni lo que bebe, viviendo en la mayor abundancia de alimentos, estamos en la más grande abundancia de gente enferma, pero nadie o casi nadie se pregunta el por qué, es triste que con tanta abundancia haya tanta gente enferma y desgraciada o infeliz, que para el caso es lo mismo. La felicidad, la salud, la integridad y la prosperidad son cosas que cada uno tiene que conseguir por si mismo, sin salud no hay progreso, sin integridad no hay paz, y sin felicidad a nivel personal e individual, no hay nada, son todo quimeras. Somos la generación de las enfermedades incurables que resulta que siempre encuentran un avance para conseguirlo y que nunca llega, o casi nunca. Cuidar la salud mental y la espiritual es muy valioso, pero tenemos un cuerpo y hay que saber nutrirlo, respetarlo y amarlo, porque es el único que tendremos para toda esta vida.