martes, 24 de mayo de 2016

Sin cambios a la vista...¡

Anda la gente un poco revuelta por ahí, yo vivo en un bloque de apartamentos, es decir somos una comunidad...no se si muy común o poco, no voy a criticar a nadie solo a agradecer que sean tan desobedientes, desconfiados y carezcan de empatía vecinal o como se llame. Cuando mi madre vino a vivir aquí en el año 2001, los niños jugaban a la pelota en la calle dando golpes a las puertas de un almacén y a un garaje, algunos vecinos tiraban colillas por el patio, pañuelos de papel, restos de fruta y envases de yogurt vacíos, entre otras cosas, en las escaleras te podías encontrar pieles de plátano, papeles, goterones de los sacos de basura y a veces alguien durmiendo en la escalera, en los dormitorios a partir de las 10,00 de la mañana no se podía dormir por la música de algún vecino, pues bien, aquí el tiempo se ha parado, pero totalmente, y lo que sí ha aumentado son las quejas y ruegos, sin contar las llamadas a la grúa por parte de un par de vecinos. Todo sigue igual, en 15 años nada ha cambiado, a veces me digo a mi misma que si estoy aquí es seguramente por qué mi cambio puede que sea una ilusión...o no? Pedí avanzar en el aprendizaje hacia una vida de paz y tranquilidad interior, sabía que me faltaban dos cosas muy importantes, la paciencia y el dejar ir...ya sabes dejar que la gente sea como es, dejar de quejarme, dejar de pensar en la maldad ajena, y sobre todo amar a la gente tal y como es, siento en el alma decirlo, pero me está costando mucho, ser una persona libre de juicios, libre de críticas y libre de todo lo que entorpezca una salud mental en equilibrio con un interior lleno de esperanza por un mundo mejor, cuesta un huevo¡¡¡
Cuando mi paz se altera, mi mente se obstruye y mis nervios se enfurecen, yo miro flores, si, si, es lo que hago, miro flores mientras pienso en la belleza infinita, gratuita e inmóvil de las flores, que aún sabiendo que van a morir nos regalan su perfume su belleza y su amor por toda la naturaleza, entonces me calmo y pienso que si Dios o el Universo Infinito u quien sea, nos da la posibilidad de ver y sentir el sacrificio consentido de las plantas y flores para nuestro disfrute, yo bien puedo perdonar el ruido interno de mis momentos bajos, esos que se anidan en la desconfianza hacia el ser humano y sus posibilidades de cambio para ser mejores que antes, respiro hondo y vuelvo a ser un punto perdido en ese camino largo e intenso para encontrarme con la paz del espíritu y conmigo misma.